Sufrir un siniestro en nuestra casa, un robo, u otro tipo de accidente, son episodios desagradables para cualquier persona. Por ese motivo, conocer el plazo del que dispones para poder reclamar una indemnización es fundamental para aliviar ese dolor.

La Ley del Contrato de Seguro recoge que las acciones que se deriven del contrato de seguro prescribirán en el término de dos años si se trata de seguro de daños y de cinco si es seguro es de personas.

Si se nos quema nuestra vivienda, o somos víctimas de un robo y nuestra compañía de seguros no quiere indemnizarnos, tendremos un plazo de dos años para demandar. Por otro lado, si no se nos reconoce nuestro seguro de vida o la aseguradora no quiere cubrir nuestros gastos sanitarios, dispondremos de cinco años para demandar. Al tratarse de un plazo de prescripción, y no de caducidad, siempre podremos reanudar el cómputo con la interposición del correspondiente burofax o requerimiento notarial.

Ahora bien, ¿qué sucedería si tras un siniestro somos perjudicados pero no asegurados? La Ley dice es que faculta al perjudicado o sus herederos para que puedan ejercitar lo que se conoce como acción directa contra el asegurador para exigir el cumplimiento de la obligación de indemnizar, sin perjuicio del asegurador a repetir contra el asegurado.

En los casos en los que más opera este tipo de acción frente a la compañía de seguros es en los accidentes de tráfico en los que un conductor ha ocasionado un daño a un tercero. En este caso, el plazo de prescripción no será de dos años sino dependerá de la naturaleza de la acción de responsabilidad de que sea titular.

Desde Basilea Abogados recomendamos siempre solicitar asesoramiento legal y realizar una reclamación a la entidad aseguradora, con notificación fehaciente, para interrumpir el plazo de prescripción. No es la primera vez que un perjudicado no puede demandar a la compañía de seguros por haber prescrito su acción.

Rafael Gómez Nix
Socio de Basilea Abogados