Una colocación masiva. Una estrategia bien diseñada. Una agresión sin precedentes a los derechos de los clientes. Unos daños tremendos para particulares y empresas de todo tamaño, que en la mayoría de los casos solo buscaban protección contra las subidas en los tipos de interés. Y cientos de Sentencias que acuerdan la nulidad de la contratación de permutas financieras.

Esta es en síntesis la historia de un gran engaño que durante años sin duda seguirá ocupará un lugar destacado en materia de derecho financiero.

Conocemos las herramientas utilizadas por las entidades financieras. Herramientas que reciben distintas denominaciones, pero contienen el mismo veneno: swap, permuta financiera, stockpyme, clip, cuota segura, IRS… Hemos analizado los diferentes contratos y tanto abogados especialistas como jueces somos capaces de localizar los incumplimientos que en cada caso pueden existir, y que abrirán la puerta de una nulidad del producto y la recuperación del dinero perdido.

Ahora bien, hemos de realizarnos una pregunta… ¿Cómo pudo llegarse a esta situación?. ¿Cómo fue posible que la banca colocase miles de contratos de productos derivados, complejos y de alto riesgo, a tantos particulares y empresas?.
Tras varios años y cientos de Sentencias a favor de los clientes afectados, ya conocemos algunos de los motivos que dan respuesta a esta pregunta:

En primer lugar es importante el momento en que mayoritariamente se colocaron las permutas financieras, desde finales de 2006 y especialmente durante los años 2007 y 2008. En muchos casos los swaps se colocaron cuando la banca ya manejaba escenarios de tipos de interés bajistas a medio plazo. Estas expectativas fueron ocultadas a los clientes, que temerosos ante la posibilidad de nuevas subidas, creyeron a su banco de confianza que le había aconsejado la contratación de este producto. El conflicto de intereses y la falta de respeto hacia el cliente no puede ser más evidente.

Se produjo un engaño constante y global sobre la naturaleza de swaps. Bajo diversas denominaciones (clip, stockpyme, contrato cuota segura, etc), se ocultó que se estaban colocando derivados financieros, complejos y de alto riesgo. En la mayoría de los casos se ofrecieron al cliente como una especie de seguro, que se ofrecía a los mejores clientes. Todo ello con el objetivo de ocultar la verdadera naturaleza de este producto y sus riesgos asociados. ¿Cuántos de los contratantes, de haber conocido dicha naturaleza, hubiera firmado un swap?.

Salvo contadas excepciones, las entidades financieras se ocuparon de que estos contratos derivados no se firmaran ante un Notario. Y ello a pesar de que en muchas ocasiones sí se suscribió al mismo tiempo un contrato de financiación ante Notario. Muchos clientes se preguntan: si para firmar una póliza de crédito de 10.000 € me hicieron ir a un Notario, que me explicó la misma, ¿porqué no se hizo lo mismo con un contrato de swap cuyo riesgo he acabado descubriendo que era muchísimo mayor?.

Como los bancos describían estos productos como sencillos, sin riesgo, y que podrían cancelarse sin problemas, trataban de que los mismos se contrataran sin la debida formalidad y estudio. Así nos encontramos con cientos de casos en los que la permuta financiera era ofrecida a firmar casi como “mero papeleo”. Es por ello que incluso grupos empresariales de envergadura que sí podían disponer de asesores, o abogados, se vieran afectados por estos derivados de alto riesgo: porque normalmente se colocaban a una persona en concreto, de confianza, por ejemplo al representante legal, que no era consciente de estar suscribiendo un derivado complejo y de alto riesgo.

Se ha ido detectando una absoluta falta de formación de los propios empleados que vendieron estos supuestos seguros. Si en muchos casos se engañó al cliente, en otros lo que ocurrió es que ni el empleado bancario conocía exactamente lo que tenía entre manos, el producto que estaba colocando. De ahí casos en los que un comercial ha colocado estos swaps y causado enormes pérdidas a amigos o familiares. En cualquier caso es frecuente, cuando se ha solicitado su intervención en juicio, que aquel que vendió el producto, años después, siga sin conocer su funcionamiento. ¿Cómo pudo entonces explicar la naturaleza y riesgos del mismo en su día?.

En ocasiones, directamente estos perniciosos productos se colocaron como un requisito más para acceder a financiación. Se explicara mejor o peor este producto, lo cierto es que su contratación fue una imposición contraria a los intereses del cliente.
Se vulneraron de manera rotunda las obligaciones en materia de información y respeto por los intereses del cliente que marcaba la normativa aplicable. Normativa que existía desde hacía muchos años y que exigía información rigurosa y completa sobre el producto contratado.

Se incumplieron la mayoría de las obligaciones legales que en materia de contratación. Se ocultaron conceptos, riesgos, incluso muchas veces no se facilitaron al cliente las condiciones generales de los contratos que se estaban colocando, llegando a ocultarse el Contrato Marco de Operaciones Financieras.

A la vez que se ofrecían como productos sencillos y sin riesgo, los contratos de permuta financiera se redactaron con términos complejos y de manera confusa. Tras una primera lectura resulta muy complicado entender su funcionamiento. Los propios jueces se han pronunciado sobre esta complejidad en muchas ocasiones.

Esta complejidad ha ocultado muchas veces una injusta realidad: que estos productos, en una gran parte de los casos, no ofrecían cobertura ninguna, y estaban diseñados con un único fin: perjudicar al cliente.

Se ocultó, tanto en los propios contratos como en la información suministrada en el momento de colocación, toda referencia al coste de cancelación y su fórmula de cálculo. Tampoco se facilitaron escenarios y ejemplos acerca del coste de cancelación caso de querer rescindir el producto. La información fue a menudo justo la contraria: que no habría problemas en caso de querer cancelar lo que se ofreció como un contrato de seguro contra la subida de los tipos de interés. Evidentemente, el tener que abonar la totalidad de las cancelaciones por anticipado, y verse obligado a afrontar varios miles o decenas de miles de euros, sí es un problema que debería haberse puesto en conocimiento del cliente y reflejado en el contrato.

Basten estas breves cuestiones para comenzar a entender cómo fue posible llevar a cabo una comercialización masiva e irregular semejante, y cómo miles de clientes, particulares y empresas de todo tamaño, se han podido ver afectados con abultadas e injustas pérdidas.

Lo que debe tener claro cualquier afectado es que se puede y debe reclamar. Sea el contrato que sea, concurran las circunstancias que concurran, o hayan pasado los años que hayan pasado, el perjudicado por esta situación debe saber que, en manos de profesionales, existe una salida, hay una solución, y ya contamos con una abundante jurisprudencia en materia de nulidad de permutas financieras. Siga Ud. está pagando liquidaciones negativas, ha decidido dejar de pagarlas, o ha terminado de pagar su swap, existe una solución y debe Ud. proteger sus derechos y recuperar el dinero perdido.

En Basilea Abogados contamos con especialistas en la materia, que examinarán su caso sin compromiso y sabrán orientarle y ofrecerle las mejores soluciones adaptadas a su caso concreto. No dude en contactar con nosotros. Podemos ayudarle.

Basilea Abogados. Mayo 2012