Un claro ejemplo de que la repetición de una idea, aunque errónea, crea costumbre se nos presenta en el ámbito laboral de la mano del que hasta fechas muy recientes venía llamándose como “despido express”. La paradoja más significativa es que dicha terminología era empleada hasta en los foros más doctos, a pesar de que nuestro pretérrito Estauto (ET en adelante) no hacía alusión alguna a este tipo de despido. No obstante, no puede negarse la evidencia imperante en el panorama empresarial español de los últimos años al ser este uno de los instrumentos más utilizados dadas las facilidades que conllevaba para el empresario que quería prescindir de algún trabajador sin tener causas reales para ello.

A golpe de chequera, o mejor dicho reconociendo la improcedencia, tal y como establecía el art. 56 ET, podía despedirse a un trabajador sin mediar más trámite que el abono de una indemnización de 45 días por año trabajado o la consignación de la misma en el juzgado de lo social, a fin de paralizar los salarios de tramitación.

Con la aprobación de la reforma laboral comenzó a discutirse sobre la eliminación de esta generalizada figura dado que la nueva normativa deja en manos del juez la calificación de la improcedencia del despido, con lo que se elimina la rápida y segura vía extintiva. Rápida, ya que el empresario podía pagar directamente la indemnización al trabajador; y segura, porque no existía la incertidumbre sobre la calificación que un tercero podía dar a la decisión extintiva empresarial.

Sin duda alguna, la reforma pretendía acabar o, al menos, limitar tan extendida práctica, forzando la justificación de los despidos invitando con ello a esgrimir causas reales para la desvinculación de los trabajadores. No obstante, no puede por menos que afirmarse que si bien estas conductas pudieran llegar a limitarse cuantitativamente a lo largo del tiempo, la esencia misma de la figura es harto difícil que pudiera llegar a desaparecer, máxime cuando se reduce el coste de la indemnización de 45 a 33 días.

Flaco favor también ha hecho la eliminación de los salarios de tramitación que, además de responder a una compensación económica hasta la fecha de la sentencia para el trabajador que ha cesado en su puesto de trabajo, servían a los letrados para negociar en sede de conciliación judicial sin tener que tocar la indemnización económica recibida por la extinción del contrato de trabajo.

Tendremos que esperar para ver los resultados de la esta profunda reforma laboral que si bien, parece que puede resultar satisfactoria para la activación del mercado laboral, sigue adoleciendo de determinados defectos cuya erradicación puede resultar difícil cuando no imposible.