El 20 de julio de 2011 Bankia comenzó a cotizar en bolsa. Lo hizo con un folleto de la oferta pública plagado de inexactitudes, y que ocultaba su verdadera realidad económica. Los accionistas de Bankia, que reclamaron en masa, han recuperado su inversión. Tuvieron una segunda oportunidad.

El pasado 7 de junio cientos de miles de inversores despertaron con la noticia de que Banco Popular ya no tenía valor alguno. Lo habían perdido todo.

Quien confió en el Popular lo hizo porque, nos decían los reguladores, el sistema bancario español supuestamente presentaba unos ratios de solvencia y de capital elevados y estaba saneado. Lo hizo porque el día 2 de junio en un comunicado a la CNMV la entidad aseguró que cumplía con los niveles de capital regulatorio exigidos y defendió su solvencia. Confió en el banco porque el portavoz del Gobierno el pasado 3 de junio pidió “tranquilidad sobre la situación del Popular, que está en proceso de ampliar capital o de venta…y nada más”. Y aseguró que había “pasado las pruebas de estrés el pasado verano” por lo que en el Gobierno no existía “ninguna preocupación mayor”. Ante aquellos mensajes era difícil no confiar en la viabilidad de un banco con más de 90 años de historia.

¿Qué hubiera sucedido si los afectados hubieran recibido la información real de la compañía? La respuesta la darán los Tribunales: que ni hubieran acudido a la ampliación de capital de 2016, ni hubieran dejado de vender sus acciones cuando aún valían algo. Porque un martes sus títulos valían 32 céntimos de euro y el miércoles, sorprendentemente, los reguladores europeos y la Junta Única de Resolución, decidieron que ya no tenían valor. El banco ha sido por sorpresa expropiado a sus legítimos propietarios, los accionistas. Y contra toda lógica, sin la correspondiente compensación o justiprecio.

La respuesta la darán los Tribunales

La historia de Bankia se ha repetido. Ni las entidades afectadas ni los reguladores han aprendido de la histórica crisis de Bankia y ésta, lamentablemente se ha vuelto a repetir. La acción de responsabilidad es clara y accesible para todos los inversores afectados, que saben que tienen, como tuvieron los de Bankia, una segunda oportunidad.

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